Is there life on Mars?

Is there life on Mars?

2 notas

¿Nínfula o HH?

“por qué la robaste

a su digno protector con sienes de cera

y escupiste en sus ojos de pesados párpados

desgarraste su toga

y al alba hiciste que el cerdo

rodara sobre su nueva desventura

el sacro horror del amor y las violetas

el remordimiento la desesperación,

mientras tú

rompías en pedazos una muñeca

y arrojabas su cabeza

por todo lo que hiciste

y todo lo que no hice

morirás.“

Vladimir Nabokov



Alguna vez escribí: “Así cómo los hombres sienten esa nostalgia, esa urgencia, ese sufrimiento de Humbert Humbert al ver nínfulas a la salida de la escuela; Yo siento esa nostalgia de haber sido una Lolita”.

Es cierto, a veces extraño a esos hombres que me veían cómo una especie de premio, cómo algo frágil, muchas veces cómo alumna de todas sus perversiones. Extraño esa inocencia auto asumida en la adolescencia, extraño mi cuerpo a los 15 años, extraño la curiosidad infantil, las primeras sensaciones. “La curiosidad es insubordinación en su más pura forma.” Decía Nabokov.

Cuando pienso en esos años, nunca he creído que fuera una nínfula, mi niñez fue eso: niñez. Jugar con muñecas, tener asco por los niños, partidos de futbol, burlas por mi sobrepeso. En ese tiempo no hubo mucha experimentación sexual, salvo un primer beso jugando botella. Recuerdo el shock de entrar a la secundaria, la confusión de querer hacer otras cosas y seguir siendo una niña todavía. Pantalones aguados y faldas al tobillo, mi cabello largo sin gracia, mis cachetes, mi barriga.

Creo que parte de mi despertar sexual fue bajar de peso, esas decisiones acertadas por parte de mis padres, que si no hubieran tomado, ahora sería obesa mórbida y tal vez una persona con una vida sexual aburrida. La pubertad realmente la alcancé cuando pude usar una ombliguera o una minifalda. Empecé a “maquillarme”, creo que tenía sólo 2 colores de labial, rímel y un delineador negro. Mi falda de la escuela pasó de mi tobillo a arriba de la rodilla. Mi cabello largo a un cabello casi rapado. Unas mínimas tetas. Un ser andrógino, con muchas ganas de experimentarlo todo.

Vino el primer beso real, a escondidas, la primera vez que alguien me agarró las nalgas. Mojarse al sentir la erección de un chico, mientras bailas en unos XV años. Yo no nací nínfula, eso lo tuve que construir y fue parte de las circunstancias, tenía 14 años en 3° de secundaria, eso significa que yo iba las fiestas de mis compañeras siendo más pequeña que ellas. Cumplí 15 años hasta casi el segundo semestre de preparatoria. Fumaba, bebía y obviamente me sentía lo máximo, esa pretensión de ser tan rebelde, tan adulto. Me sentía importante porque todos mis primos y mis hermanas ya eran adultos, con los que yo convivía.

A los 16 empecé a hablar con gente mayor; por internet, o a conocer cuasi treintañeros en librerías o fiestas. Luego salí de la preparatoria, no estudié por un año y me mudé de ciudad. Vinieron experimentos, penes, fotos amateur, moteles, affaires, hombres que vivían con sus novias, que tienen hijos, walks of shame, lágrimas, orgasmos, chupetones, moretones, enamoramientos fallidos, eyaculaciones precoces.

Hacía mucho que no pensaba en las primeras veces: el primer coito, la primera venida en la boca, el primer dedo en el ano, el primer trío, la primera penetración anal, la primera vez en una tina. Así podría continuar por un largo rato.

Jamás había experimentado el papel de Humbert Humbert. Una nueva primera vez. No hablaré de cómo lo conocí. Hablaré de su cuerpo cubierto de vello, de su extrema delgadez, de sus ojos sorprendidos por los roces, por los besos. Puedo hablar de sus piernas temblando, de sus gemidos al lamerle el cuello, de sus continuas erecciones a pesar de haber recién eyaculado, de su sonrisa después de un beso, su respiración agitada. Puedo hablar de mis piernas temblando de excitación, de la urgencia de sentirlo dentro de mí, de mis sábanas empapadas.

Alguna vez dije que la juventud está sobrevalorada, pero me doy cuenta que ser adulto también está sobrevalorado. Ahora puedo entender la gran excitación de los hombres de 30 y tantos que estaban conmigo cuando tenía 18 o 19 años, puedo entender la sorpresa, el deseo.

Muy a mi manera sigo siendo esa nínfula, de casi 27 años, acostándose con hombres de 40. Muy a mi manera soy una Humbert Humbert, prefiero ese término en lugar de cougar, fascinada recientemente por cuerpos de 18 años.

Nunca debí leer a Nabokov.

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